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Sí a la investigación y posterior desarrollo de terapias con células madre embrionarias

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Obispos mosqueados

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Los obispos españoles han denunciado una campaña de manipulación para confundir a la opinión pública en relación con la investigación y uso de embriones humanos con fines terapeúticos.

A través de una nota de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida, los obispos señalan que en los últimos años, «acreditadas investigaciones han puesto de manifiesto que no sólo se encuentran células madre multipotentes en los embriones, sino en diversos tejidos adultos (en la médula ósea, en el tejido hepático, en el tejido adiposo...)».

Para la Conferencia Episcopal, actualmente en España, «un sector de la industria biotecnológica y diversos grupos de opinión están promoviendo una campaña de opinión a favor de la clonación denominada terapéutica y la derogación de las trabas legales para investigar con células madre de embriones humanos sobrante s de la fecundación artificial».

Jugar con los enfermos

«Se está confundiendo a la opinión pública -dicen los obispos- creando falsas expectativas, y se está jugando con los sentimientos y necesidades de los enfermos».

Tras referirse a la «revolución que ha ido cambiando de un modo espectacular» tanto aspectos conceptuales básicos como el enfoque de las enfermedades y sus distintas opciones terapéuticas, los obispos piden a las autoridades que encaucen los recursos públicos hacia campos de investigación «que respeten de modo pleno la inviolable dignidad» de la persona desde su concepción hasta su muerte natural.
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2002-12-20 a las 17:34 | arturios | 8 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Gatopardo Fecha: 2002-12-28 20:18

Antes de mandar a los sres.obispos a hacer garga
ras; preferiría saber las fuentes de las "acreditadas investigaciones " que dicen poseer,los pastores



2
De: Akin Fecha: 2003-01-22 16:57

Pues apañao lo llevas... serán de la universidad del vaticano.



3
De: Olalla Fecha: 2003-01-31 08:36

La razón real para oponerse a la investigación con células madre embrionarias es teológica, y no científica. Obviamente, uno no puede ser tan tonto como para creer que una célula es una persona, pero si puede creer que el hombre no tiene derecho a interponerse en el determinismo biológico y en el desarrollo natural de un embrión. Si uno está en contra de la investigación con células madre embrionarias es porque tiene la sensación de que el hombre traspasa el límite y penetra en el dominio de Dios. Por eso traza una última línea, una posición final e inamovible alrededor de la dotación genética que se forma tras la fecundación (conjunto completo de 46 cromosomas humanos). Dicho de un modo claro y sencillo, si se respeta al embrión (mejor dicho, si se venera) es porque se considera que el ADN es la esencia de la propia vida, esto es, el alma que el hombre no puede ni debe tocar porque está claramente en el dominio de Dios.

A esto lo llamo yo “fundamentalismo del gen”. Un dogma que considero tremendamente reduccionista y simplón, pues sintetiza todo a la genética, transformándola en el único dominio posible. No vendría mal un poco de “gen-ética” para escapar de esta obsesión “gene-céntrica” de la vida y recalcar que ¡la vida humana es mucho más que genes!. Porque la visión de la vida en torno al gen es, además de simplista, muy peligrosa si tenemos en cuenta los avances que se presumen en ingeniería genética para este milenio que acaba de empezar. Pero lo peor de todo es que es un dogma completamente falso.

Un embrión no es, ni mucho menos, un ser humano por el hecho de contener un conjunto completo de 46 cromosomas humanos, porque, entre otras cosas, como acabamos de explicar, durante un periodo de dos semanas después de la fecundación, es posible que el embrión primitivo se divida en dos, tres o incluso cuatro fragmentos separados, cada uno de los cuales puede desarrollarse en un ser humano diferente. Este “fundamentalismo del gen” está desechando a millones de hermanos gemelos que tienen idéntica constitución genética pero que claramente son seres humanos únicos y diferentes.

Más aún, desde la clonación de la oveja Dolly (hace sólo seis años), este “gene-centrismo” tiene todavía menos validez científica. Y es que decir hoy que el embrión es un ser humano por el hecho de que en su interior ya se encuentra el programa genético que determinará su desarrollo posterior, es reconocer que cualquiera de los 100 billones de células que residen en un cuerpo son seres humanos, puesto que la técnica de la clonación constata que también en el núcleo de cualquier célula adulta se encuentra el programa genético para el desarrollo de un nuevo ser humano (en concreto, en sólo siete picogramos de ácido nucleico se encuentra almacenada toda la información necesaria para formar uno o más seres humanos). En efecto, ahora sabemos que cada célula del cuerpo humano tiene potencialidad para formar una nueva vida humana. Así que quien utilice el argumento "fundamentalista del gen", se expone a que le acusen de matar seres humanos cada vez que se rasque.

Que no, que la constitución genética sola no define a una persona. Y por si aún les queda alguna duda, ahora se lo voy a demostrar, una vez más, con un nuevo argumento real como la vida misma. Cuando fallece una persona (cuando su corazón deja de latir y la actividad cerebral ha cesado), la mayoría de las células individuales de su organismo siguen vivas, de manera que órganos enteros vivos pueden ser aprovechados para transplantes y salvar las vidas de otras personas. Las personas que han recibido un corazón, un pulmón o un riñón trasplantado no tienen una identidad personal diferente de la que tenían antes de su operación, incluso si ahora son una mezcla de dos sistemas vivos diferentes. Y aquí es donde reside el error de quienes se oponen a la investigación con células madre embrionarias, pues son incapaces de separar estos dos significados diferentes de la vida: la vida en el nivel de la célula individual y la vida humana en el nivel de la mente. Para ellos, la esencia de la vida humana está en el ADN. Sin embargo, los transplantes nos demuestran, una vez más, que la esencia de la vida humana no reside dentro de las moléculas inertes de ADN, sino dentro de la mente humana.

Y es que de lo único que el hombre no podrá prescindir es de su cerebro, mente o conciencia, que en verdad es la esencia del ser humano. Tu vives en toda tu esencia cuando sientes, piensas, amas, ...; cualidades todas ellas conferidas por un sistema nervioso funcional, conformado por una basta red de comunicaciones. Y el embrión, de dos o más células, no puede tener ningún sentimiento propio del ser humano, porque no posee ningún atributo neurológico, ni siquiera de una forma primitiva; ni una sola neurotransmisión tiene lugar en el embrión.

Pero ninguno de estos argumentos científicos, o cualesquiera otros, servirá para cambiar la opinión de quienes creen que la vida humana comienza en la fecundación. Y esto es así porque quienes respetan a los embriones humanos no lo hacen por razones científicas (que no las tienen) sino por la creencia religiosa de que en la fecundación nace una nueva vida humana con fuerza vital propia: el alma. Y ya sabemos que para el creyente, la razón humana no puede contradecir la Revelación. Ningún argumento terrenal –científico, filosófico o cualquier otro– servirá para cambiar la opinión de un creyente, porque su fe ciega le hará creer que sabe la verdad, la verdad absoluta, la verdad divina. Para el creyente lo que “sabe” siempre está en función de lo que “cree”, y no al revés. Por eso el creyente no investiga objetivamente, sino que rastrea en busca de algo que le permita defender lo que cree que es verdadero.



4
De: Alberto Fecha: 2003-01-31 19:41

La Iglesia católica apostólica romana se inventó en 1869 la creencia de que en la concepción nace una nueva vida humana con alma propia, haciendo caso omiso, a su conveniencia, de la cita bíblica del Génesis 2:7 “Adán se convirtió en un ´alma vivo´ cuando Dios le sopló con su aliento por la nariz”, según la cual habría que considerar que la vida humana empieza con la primera respiración, o sea al nacer, o cuando menos a partir del feto seismesino, pues es durante esta etapa fetal cuando se adquiere por primera vez la capacidad para respirar y sobrevivir fuera del útero materno.

Pero hagamos un poco de historia acerca de las conclusiones más relevantes sobre el advenimiento del alma humana.

Aristóteles, al partir de la observación de la realidad de su época, llegó a la conclusión de que el embrión más primitivo tenía alma vegetativa, el embrión posterior tenía alma animal, y finalmente se alcanzaba el carácter humano al comienzo de la etapa fetal.

Quince siglos después, Tomás de Aquino se basó en estos estudios de Aristóteles para argumentar que la aparición de la humanidad coincidía con el punto en el que el feto llegaba a hacerse humanamente animado. Según Tomás de Aquino, Dios miraba en el feto y decidía si estaba preparado para recibir el alma.

Se podría decir que, tanto Aristóteles como Tomás de Aquino, creían en una especie de evolución del alma, que va desde un estadio primitivo cuando embrión, hasta alcanzar el carácter humano cuando la morfología externa es inconfundiblemente humana. Es evidente, que ambos basaban sus conclusiones a través de la observación directa. Y a sus ojos, un feto se parecía mucho a un ser humano, mientras que un embrión no.

Pues bien, desde el siglo XIV hasta 1869, la doctrina cristiana oficial se basó en los postulados de Tomás de Aquino, y, por tanto, la muerte o pérdida de un embrión no preocupaba.

Fue en 1869 cuando la Iglesia de Roma remontó en el tiempo para decidir que el instante en el que aparece el alma es la concepción (esta creencia del advenimiento del alma en la concepción solamente la tiene la Iglesia católica, aunque también encuentra eco entre los protestantes fundamentalistas y los Judíos ortodoxos, o sea entre grupos tan apartados de la realidad que todavía defienden fanáticamente que el mundo fue creado por Dios hace unos 3.800 años).

¿Pero por qué se inventó la Iglesia católica esta nueva creencia? La Iglesia arguye que se decidió a anticipar la animación humana desde el feto hasta el instante de la fecundación porque, según ella, el invento del microscopio le demostraba que el cigoto era un ser humano. Al margen de lo paradójico que resulta que la Iglesia altere un dogma ante un descubrimiento científico, lo cierto es que el microscopio demuestra que existe la fecundación entre espermatozoide y óvulo, pero no que el cigoto resultante sea una persona; más bien demuestra todo lo contrario, que el cigoto es una célula y no un ser humano en miniatura como se creía.

Entonces, ¿qué se esconde tras la falsa, sensacionalista y ridícula afirmación de que “una célula es una persona”? Pues muy sencillo: el prejuicio sexual de la Iglesia católica. Tan simple como eso. Otra cosa es que la Iglesia no admita que esa sea la verdadera razón.

Y esa misma obsesión sexual es la que se aprecia en esos grupos "pro-vida" que están en contra de la libre elección del aborto. De hecho, ¿cómo es posible que algunos grupos "pro-vida" estén a favor de la pena de muerte? ¿Cómo es posible que algunos de estos anti-abortistas se dediquen a poner bombas en clínicas de reproducción asistida? Se lo diré en secreto. Lo que en verdad obsesiona a estos antiabortistas no es la dignidad humana, sino el sexo en pecado.

Por eso abogan por la vuelta al tabú y a la represión sexual (abstinencia, la llaman eufemísticamente). Ignoran que la abstinencia sexual es una opción, no una obligación. Más aún, ignoran que la abstinencia es una opción contranatural, pues por mucho que los hombres traten de suprimir su sexualidad, siempre serán incapaces de hacerlo. De hecho, la castidad es enemigo del género humano, y especialmente de la mujer, que ha sufrido ablaciones del clítoris y amenazas infernales y que ha procurado a muchas a destinos trágicos, y no han sido los peores el encierro en el convento donde se sacrifican todas las libertades. Asimismo, ignoran que el sexo no es malo, sino todo lo contrario: es una practica sana que proporciona felicidad y discrimina la fealdad (está demostrado científicamente que la practica del sexo segrega endorfinas y proporciona bienestar y autoestima).

En fin, que se les ve el plumero, por mucho que se empeñen en intentar disimularlo, usando argumentos más sólidos, más convincentes y más –por lo menos en apariencia– científicos que los meramente eclesiásticos. Piel de cordero tras el que se esconde el lobo fundamentalista del Opus.




5
De: Vendell Fecha: 2003-02-01 01:49

Creo que fue Millás quien llamó "pastores de fetos" a la troupe del estado mayor de la sotana. Creo que tenía razón.



6
De: Gatopardo Fecha: 2003-02-08 02:30

Los comentarios de Olalla son muy buenos.En especial eso del "fundamentalísmo genético".¿puedo hacer uso de sus argumentos,en
manifestaciones o actuaciones públicas?



7
De: Fernando Fecha: 2006-03-09 08:32

Creo que el hombre está perdiendo la razón de su existencia. Analicemos las cosas a profundidad. Que nuestros comentarios no sean producto de la aversión a una institución (Iglesia), sino el resultado de una incansable reflexión a cerca de la esencia del ser humano, del cual formamos parte, siempre respetando nuestra dignidad para poder colocarnos en el lugar que nos corresponde.



8
De: aleBjOrQz Fecha: 2006-09-21 23:37

emm pues yo nO se nada de esoO



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