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Sí a la investigación y posterior desarrollo de terapias con células madre embrionarias

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El PSE pide que se investigue con células madre

El PSE insta al Gobierno vasco a que investigue con células madre
EL CORREO/BILBAO

El Grupo Socialistas Vascos ha presentado ante la Mesa del Parlamento de Vitoria una Proposición No de Ley en la que insta al Gobierno vasco a «promover y financiar con fondos públicos la investigación con células madre adultas, así como con células madre embrionarias de origen humano procedentes de los embriones sobrantes de los procesos de fecundación 'in vitro'» y que forman el llamado banco de óvulos congelados.

El socialista y médico alavés Jesús Loza, promotor de la iniciativa, anima al Ejecutivo autónomo a que emplee fondos públicos para lograr «avances científicos que pueden traducirse en beneficios sociales para el tratamiento de enfermedades» como la diabetes, el Parkinson y otros procesos degenerativos.

2002-11-24 a las 11:20 | arturios | 9 Comentarios | #

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Comentarios

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De: Eurofam Fecha: 2002-11-26 17:41

El Parlamento Europeo reclama la prohibición de todas las formas de clonación

Euro-Fam. El 21 de noviembre de 2002 a las 13:00, se votaba un "Informe sobre la comunicación de la Comisión de la Comisión "Ciencias de la vida y biotecnología- Una estrategia para Europa" (Informe Elisa María Damiäo).

Los diputados Europeos han adoptado por 271 votos contra 154 una enmienda introducida en el párrafo 20 y dentro del párrafo 20 bis nuevo una llamada a la Comisión y a los Estados Miembros para una PROHIBICION DE TODA FORMA DE CLONACION.

El nuevo artículo queda redactado de la siguiente manera: "[El Parlamento Europeo] Recuerda solemnemente el respeto debido a la vida y a la dignidad de todo ser humano, SEA CUAL FUERE SU ESTADO DE DESARROLLO Y DE SALUD, y rechaza toda forma de investigación o utilización de las ciencias de la vida y de la biotecnología que sea contraria al citado principio fundamental;

Reitera con insistencia que las Naciones Unidas deberían imponer una prohibición universal y específica de la clonación de seres humanos en todas sus fases de formación y desarrollo, y pide a la Comisión y a los Estados miembros que trabajen con ese objetivo"



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De: ACI Fecha: 2002-11-26 17:44

México ensaya una alternativa a células madre embrionarias
Fuente: ACI


Héctor Mayani Viveros, investigador del Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional Siglo XXI, anunció que el uso de células madre de la sangre del cordón umbilical podría representar una alternativa de cura para los enfermos de leucemia, reforzando así la postura de que es innecesario el uso de células estaminales embrionarias.

El investigador explicó que actualmente se trabaja en el cultivo y creación de un banco de dichas células, ya que estudios de más de 10 años revelan que el rechazo del organismo a ese tratamiento es de sólo 30 por ciento. El transplante de células de médula ósea –única opción hasta ahora– presenta hasta un 60 por ciento de rechazo además del tiempo que implica buscar a un donador, el cual tiene sólo 20 por ciento de probabilidades de compatibilidad con el receptor.

Mayani Viveros –quien es también jefe de la Unidad de Investigación Médica en Enfermedades Oncológicas– agregó que esas células hematopoyéticas de la sangre del cordón umbilical ya se cultivan en el Seguro Social, y aclaró con ellas no sólo se puede curar la leucemia sino también la anemia aplástica, la mielodisplasia y otros padecimientos que causan desequilibrio entre la producción de glóbulos blancos y rojos.

El investigador reveló que el uso de esas células tiene diversas ventajas, una de ellas es que en 30 días aumentan 2 mil veces, mientras que las de la médula ósea sólo crecen en ese mismo tiempo 700 veces. Eso –explicó–, representa una verdadera opción para la creación de un banco que contribuya al desarrollo de programas de transplante de ese tipo de células.

Mayani explicó que resulta difícil crear un almacén de las de médula ósea debido a que implica perforar el hueso de donde se van a extraer, para lo cual es necesario someter a cirugía al donador con los riesgos que una operación tiene y eso limita el número de voluntarios. Sin embargo –agregó–, eso no ocurre con el cordón umbilical ya que al nacimiento del niño éste se corta, sin dolor para la madre ni para el recién nacido.

El cordón –añadió el experto– contiene entre 50 y 80 mililitros del líquido, que una vez congelados a menos 196 grados centígrados en tanques de nitrógeno líquido, duran hasta 12 años.



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De: Los que hablaban de corazón y cerebro Fecha: 2002-11-26 20:19

Algunos contertulios en este blog dicen que para que haya persona humana debe haber actividad cerebral. Otros dicen qeu debe haber actividad en el corazón. Aquí cada uno reparte carnets de persona humana de manera bastante arbitraria, cuando es evidente que todo ser humano es persona humana desde la concepción, ya que ahí aparece un nuevo especimen de la especie Homo sapiens, un humano, con dignidad de ser humano, es decir, de persona.

De todas formas, a esos que aceptan la clonación pero dicen (arbitrariamente) que con actividad cerebral ya hay persona humana, les pido que vayan a hazteoir.org a firmar contra los abortos en España, que se realizan incluso con 7 meses de vida prenatal.

Recordemos:

A los 22 días de vida embrionaria, el corazón empieza a latir [van Heeswijk, Nijhuis & Hollanders, "Fetal heart rate in early pregnancy," Early Human Development, 22, 1990).

El cerebro de un embrión produce ondas cerebrales que se captan con encefalograma a las seis semanas (embrión de mes y medio).

(Manlin, H. M.D., "Life of Death by EEG," The Journal of the American Medical Association, 190 (2) (12 October 1964): 112-114).

Así pues, todos los que piensan que hay ser humano cuando hay actividad cerebral eléctrica tienen que pedir al Gobierno que pare ya el asesinato de miles y miles de seres humanos de más de seis semanas. Desde HazteOir no cuesta casi nada, sólo un mail.

Akin decía que este foro está lleno de defensores de los derechos humanos... aunque defendáis sólo los derechos de los humanos con mes y medio de vida, ya es algo. ¡Ánimo y a ello!

[Es como aquellos negreros que estaban en contra de la captura de nuevos esclavos pero no de la compraventa de negros nacidos en esclavitud... en fin, mientras uno no asume toda la verdad, al menos que sea coherente con la ya conocida].



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De: MCC Fecha: 2002-11-29 18:55

5.- EL SUJETO HUMANO

Desde la unión del óvulo y del espermatozoide humanos nos hallamos ante:

A.- Un sujeto bien identificado.
B.- Perteneciente sin duda científica alguna a la especie Homo sapiens.
C.- Un desarrollo coordinado, continuo y gradual, que no se interrumpirá si no le falta alimento, un agente externo lo destruye o un error genético inhibe su crecimiento.
D.- Todo un mensaje genético humano expresable al completo.

Por tanto, no puede considerarse al embrión inicial como una simple masa de células. Y de hecho, la propia existencia de un debate social demuestra que no se trata sólo de un tejido más: se trata de un individuo humano poseedor del Derecho a vivir.

La Filosofía, que es la ciencia a la que corresponde catalogar a algo como “persona”, ante los anteriores datos biológicos no puede hacer otra cosa que dar al embrión la categoría de persona humana.

La retirada de parte de las células básicas del embrión conlleva su destrucción como individuo.

Distinto es el caso de cualquiera de las células de nuestro organismo. Ellas contienen todo nuestro mensaje genético humano, pero éste está parcialmente reprimido, quizá ya de manera irremediable en algunas líneas celulares.

Así, nadie considera que una cualquiera de nuestras células es un ser humano. Una célula muscular, por ejemplo, expresa sólo la información genética humana correspondiente a una célula muscular. El resto de mensaje genético está reprimido o inservible. En este caso, no se está emitiendo una señal de ser humano completo.

En cambio, el óvulo fecundado –aún en estado de una sólo célula- sí está expresando un mensaje humano completo.

6.- LOS FINES CIENTÍFICOS

Cuando se insiste tanto en los fines (terapéuticos frente a reproductivos) es que los medios son, como mínimo, problemáticos.

Ningún fin, por benéfico que pueda llegar a ser, justifica jamás la producción o la desestructuración de un sujeto humano. Si ello se admitiera, todos los avances en el respeto por los Derechos Humanos quedarían en entredicho y sujetos a los fines que se consideraran oportunos.

7.- LA PUBLICIDAD EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

A nadie se le escapa que la feroz competencia entre clínicas de fertilidad y diversos institutos científicos y universidades de todo el mundo, junto con las expectativas de futuros beneficios económicos para infinidad de empresas, incide decisivamente en los medios de comunicación. Se presenta como idílico un futuro con células “madre” embrionarias que aún no han demostrado ninguna aplicación ni siquiera en modelos animales bien contrastados.

Diversos personajes estrella son mostrados como salvadores de los enfermos de parkinson, diabetes o alzheimer. No se cita el cáncer, porque la Medicina lleva decenios combatiéndolo y mediáticamente sería contraproducente hablar de futuros milagros en relación al mismo. Se considera “noticia” lo que aún no ha ocurrido o lo que tal o cual personaje dice que hará, con lo que se daña severamente el prestigio de la profesión periodística en su labor de comunicación de lo que la realidad va trayendo.

8.- CONCLUSIONES

Por todo ello, la posibilidad de usar células “madre” de tejidos adultos para conseguir los mismos fines terapéuticos representa una opción más razonable y humana para que el desarrollo de las investigaciones terapéuticas no se interrumpa. La Ética cierra una puerta a la Ciencia pero le abre otras.

Asimismo, como siempre sucede en Ciencia, se debe continuar investigando con líneas animales. En el caso de la clonación, son excepcionales los trabajos que implican embriones de mamíferos superiores.

También, si no se consideran los anteriores presupuestos, la sociedad quedaría sin argumentos para evitar la clonación reproductiva que tarde o temprano se pondrá con firmeza sobre la mesa.

-Grupo de Estudios de Médicos Cristianos de Cataluña- [ver en www.e-cristians.net]



5
De: Néstor Martínez Fecha: 2002-12-10 13:54

A los nueve meses, lo que sale del vientre de la madre es un ser humano, dotado del derecho a la vida. Eso quiere decir que a los ocho meses también lo era, y a los siete.

¿Cuál es el instante mágico en que se produce el paso nada menos que de no ser persona humana a serlo? ¿Quién ha inventado y patentado el "personómetro"?

¿Cómo se produce la mágica transformación de un simple conjunto de células en una persona? ¿Cuál es el instante exacto, para estar seguros de que no cometemos o autorizamos un homicidio?

¿Es una persona simplemente un conjunto de células más organizado que otros conjuntos de células? ¿Porqué entonces no autorizar el "aborto" hasta los noventa años?

¿Una diferencia simplemente de grado entre dos instantes del desarrollo del cerebro puede ser igual a la diferencia esencial que existe entre ser persona y no serlo? ¿No lleva esto lógicamente a la conclusión de que los adultos que tienen el sistema nervioso más desarrollado son "más personas" que los otros?

¿Cómo puede ser parte del cuerpo de la madre algo que tiene su propio código genético y a lo mejor es del sexo masculino? ¿En qué momento deja de ser parte del cuerpo de la madre, y cómo, si sigue estando instalado en su vientre exactamente del mismo modo que un segundo antes? Si es concebido "in vitro", ¿es parte del cuerpo de la probeta?

Si un embrión no tiene conciencia del "yo", proyectos ni ideas propias, ni capacidad de decidir, ¿los tiene un bebé de un mes de nacido?

¿Porqué Nathanson, uno de los tres médicos que hicieron legalizar el aborto en EEUU y practicó 75000 abortos, se convirtió después en anti-abortista, realizó el famoso film "El grito silencioso", y explicó que toda la campaña había estado basada en el fraudulento abultamiento de cifras para la prensa, en la falsa identificación de la postura antiabortista con el catolicismo, y que la finalidad última del asunto, al menos para los médicos, eran las fabulosas ganancias que estaban en juego?

¿Es digno que un país independiente como el Uruguay, donde yo vivo, deba ver a sus autoridades retadas por el comité de feministas de la ONU por no haber hecho los deberes haciendo aprobar la ley de despenalización del aborto? ¿No hay "canción de Malinche" para eso?

Si los países ricos se alarman de ver que los países pobres aumentan su población ¿debemos nosotros, para tranquilizarlos, convertirnos en cómplices del asesinato de los hijos de nuestros compatriotas?



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De: Natalia López Moratalla Fecha: 2002-12-10 20:23

El inicio de la vida de cada persona humana en la concepción

Natalia López Moratalla. Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular03/10/2002




La investigación con embriones humanos, la aplicación de las tecnologías de fecundación in vitro y el uso tanto de las metodologías anticonceptivas como abortivas, replantean una y otra vez la cuestión que se ha denominado el ''estatuto del embrión humano''. Es obvio -desde el punto de vista biológico- que la vida de cada ser humano comienza con el final del proceso de fecundación, o concepción, precisamente con la aparición de la nueva realidad cigoto. La ciencia biológica tiene en ello la última palabra y la ha pronunciado con claridad y contundencia, justamente en estos últimos años en los que ha aparecido la posibilidad técnica de usar embriones humanos como fuente de células para terapias. Incluso las mismas técnicas de fecundación in vitro y de clonación de un individuo adulto, por transferencia del núcleo a un óvulo, han dejado fuera de toda duda qué es un individuo de nuestra especie en su etapa más precoz en estadio unicelular de cigoto, o en el de embrión de dos, tres, o de 100 células , y qué es, por el contrario, una simple célula humana, o qué es un amasijo de células, más o menos ordenadas y organizadas, pero sin la unidad propia de un viviente.

No cabe duda de que la vida incipiente de un cigoto humano es vida humana. Su dotación genética lo afirma ya que no sólo posee los cromosomas característicos de la especie, sino que además posee el estado del DNA propio del estadio de cigoto. Lo que a algunos parece menos nítido no es la pertenencia a la especie humana de un embrión de pocas horas o días, sino que éste pueda ser equiparable a persona humana. La cuestión que se debate es cuándo y en qué caso se puede afirmar que hay un hombre en proceso de desarrollo. O, dicho de otro modo, si todos los hombres son personas, o han de reunir una serie de características y manifestaciones para que se le pueda considerar como tal. Puesto que respetar la dignidad propia de todos y cada uno de los hombres implica, entre otros imperativos irrenunciables, no disponer de ninguno como medio, ni disponer de su origen, ni de su vida, ni de su muerte- y esto sea cual sea su estado de desarrollo, decrepitud, o carencias- es de gran importancia reflexionar acerca del inicio del proceso vital de cada hombre y tratar de inferir el carácter personal del cuerpo de cada ser humano desde su concepción. En esta reflexión tienen un papel fundamental los datos de la ciencia biológica acerca de la constitución de cada individuo de una especie. En efecto, la identidad personal de cada ser humano no se constituye exclusivamente por la autoconciencia y el recuerdo propios. Es la identidad del cuerpo de cada uno como existencia continua en el tiempo, la perspectiva exterior, la que proporciona y objetiva la perspectiva interior, el carácter personal. Además de tratar de comprender la dinámica de la vida de todo viviente en su mismo origen, debemos, necesariamente, tratar de comprender la armonización intrínseca, la plena unidad, del doble dinamismo de la vida de cada hombre: la vida biológica como individuo de la especie humana y la vida biográfica de cada persona.

1. Vida e información genética

Cada ser vivo posee información genética; esto es, una secuencia precisa de miles de millones de los cuatro nucleótidos diferentes que forman el DNA de sus cromosomas. El conjunto de los pares de cromosomas es el genoma, heredado de los progenitores, y presente en cada una de sus células. La información genética se expresa, y es regulada y amplificada tanto por las interacciones con el medio intracelular, como por las interacciones de las células entre sí, a lo largo de la existencia del individuo. Y a su vez, a lo largo de ese proceso vital, las condiciones del medio intra y extracelular cambian con el desarrollo y maduración. Esta información permite vivir, configurar y construir el organismo, desarrollarse, madurar, envejecer y morir de forma natural. En efecto, al emitirse el mensaje genético -o lo que es lo mismo expresarse la información genética- se van formando estructuras, órganos y tejidos, diferentes entre sí (hígado, corazón, etc.) y que por ser diferentes realizan diferentes operaciones (metabolizar, bombear la sangre, etc.).

La interacción de los componentes del medio interno y externo del viviente, con el soporte material (DNA) de la información genética (secuencia de nucleótidos del polímero DNA) va cambiando constantemente y con ello, a su vez, el estado del viviente mismo. Hay por tanto emergencia de nueva información a la que se denomina ''información epigenética''. El llamado paradigma epigenético, que se ha ido abriendo paso en la Biología de los últimos años, encierra en sí dos conceptos clave: uno, el concepto de emergencia de propiedades no contenidas en los materiales constituyentes de una nueva organización, una organización que es, por tanto, siempre más que la simple suma o mezcla de los materiales; y dos, la noción de la necesidad de la interacción con el medio para el despliegue de la nueva ordenación de los materiales.

La idea de realimentación de la información contenida en el genoma recibido de los progenitores en su estado inicial transciende la idea de fijismo, de principio fijo o predeterminado, al modo como se entiende a veces la expresión ''todo está ya en los genes al establecerse un nuevo genoma por la fusión de los gametos de los progenitores''. La aparición de nueva información con el proceso mismo implica el refuerzo incesante de la información del inicio: una información emergente no contenida en el genoma en la situación de partida, sino en su proceso de constitución y desarrollo. El material de partida, el patrimonio genético heredado, contiene información para un nuevo ciclo vital potencial, es decir, para constituir un nuevo ser vivo. Cada ciclo vital -la existencia de cada viviente- es un proceso dinámico, con capacidad de autoorganización y de funcionamiento como una unidad orgánica, de emisión del mensaje genético. La dinámica propia de la vida permite al viviente una existencia discontinua en el tiempo, con etapas en que se suceden de manera ordenada: cigoto, blastocisto, embrión, feto, neonato, joven, etc. Y la discontinuidad no es sólo temporal sino también espacial. El ''sitio'' que ocupa cada célula en el cuerpo en construcción determina en ella qué genes van a ser expresados y cuáles no. De esta manera la información se retroalimenta con la emisión misma, crece y se hace más compleja, no sólo temporalmente a lo largo de la existencia sino también en el espacio corporal del organismo vivo. Las células van diferenciándose y especializándose, ordenándose en tejidos y órganos, maduran y envejecen. Cada etapa es parte de un único proceso de emisión del mensaje genético y algunas de ellas constituyen ''hitos'' de toda vida ya que a partir de esa etapa el organismo que se está conformando adquiere unas propiedades que no tenía en la configuración previa. Es claro, por ejemplo, que un embrión con el hígado construido tiene una capacidad metabólica que no tenía hasta entonces. Cada célula sabe a lo largo de la vida del viviente del que forma parte, ''quién es'' como célula de tal organismo unitario. Sabe la historia, su linaje, ''de dónde'' procede, y con ello, ''a dónde'' se dirige. Un saber molecular que tiene cada célula pero obviamente sólo y exclusivamente en tanto en cuanto está formando parte de esa unidad orgánica que es cada cuerpo, en cada etapa de la vida. Sacada de su contexto natural cada célula queda a merced de la información del medio en que se sitúe, pero aún así, su respuesta depende de la memoria acumulada en la existencia del organismo al que pertenecía.

La información genética, contenida en la secuencia de nucleótidos del DNA, condiciona el tipo de moléculas que pueden aparecer y con ello el fenotipo celular y el tipo de organismo. La secuencia de nucleótidos del genoma heredado de los progenitores es igual en todas las células del organismo. Ahora bien, la expresión o represión de los genes es autorregulada de forma diferente en cada estadio de la vida y en cada linaje celular. El soporte material de la información genética (el DNA) va cambiando con el paso del tiempo, por interacción con el medio -cambiante a su vez- amplificándose así la información, que es, por tanto, información genética y epigenética: genes y medio son necesarios para que se autoconstituya un viviente.

Más aún, es evidente que un conjunto de células diferenciadas, y más o menos ordenado, no es un organismo. En un organismo todas las células, tejidos y órganos, mantienen una unidad dentro del conjunto, que hace que viva ese organismo, ese individuo concreto. El conjunto individualizado es más que la suma de las partes. Y precisamente porque todas las partes se integran armónicamente, cada organismo vivo tiene una vida propia, con un inicio, un desarrollo temporal en el que se completa, crece, se adapta a diversas circunstancias, se reproduce, envejece, a veces enferma, y necesariamente muere. No basta, por tanto, la información del genoma inicial. Para la formación, desarrollo y maduración de un organismo se requiere, además, la armonización unitaria de la emisión de su mensaje genético. La vida requiere un programa de desarrollo: una secuencia de mensajes ordenados en el tiempo y coordinados en el espacio orgánico.

El programa de desarrollo nos permite entender por qué cada ser vivo va auto construyendo su propio cuerpo y viviendo su vida, en diálogo e interacción con su medio, abierto de modo individual, propio, e irrepetible. En cada etapa, el soporte material de la información genética queda modificado por interacción con el medio de manera que mantiene la información acerca de la propia historia (auto referencia o identidad) al tiempo que cambia su fenotipo. Puesto que es un programa, cada una de las etapas espacio-temporales se sucedan ordenadamente y de manera irreversible: primero se origina el fenotipo embrionario, después el fetal, más tarde el neonato, el joven, etc. Así, es igualmente innegable la diferencia de realidad fenotípica, o de operatividad, de un embrión de una o de cien células respecto de un feto o de un joven viviente. Como también es innegable la referencia del viviente neonato, joven, maduro o envejecido con el feto, embrión o cigoto que apareció con la fecundación de los gametos de sus progenitores.

La dinámica del proceso vital exige que esté recibiendo continuamente nuevos datos y tiene una dirección en el tiempo, ''una flecha del tiempo''. Sigue un programa de desarrollo cuyas ''instrucciones'' van apareciendo paulatinamente por interacción genes-medio y emergen de la configuración del viviente en la etapa previa. Sin embargo, la identidad de cada viviente, en su unidad, y con todas las características particulares que le hacen ser ese individuo concreto, está en la dotación genética heredada, presente en todas y cada una de sus células. Por ello, mantiene una identidad biológica a lo largo de su existencia y desde el momento en el que se constituye con esa dotación genética particular, distinta a la de sus progenitores. Es decir, para predecir cómo será el fenotipo concreto de un individuo no bastan sólo las peculiaridades propias del mensaje genético heredado ni sólo el entorno interno o externo. Ambos factores son necesarios. Cada individuo es uno y único en cuanto su existencia es una emisión particular del mensaje genético. Y es diferente y único no sólo por la combinación ''única'' de genes que hereda de sus progenitores, sino porque las fluctuaciones del medio, a lo largo del tiempo de la vida, permite diferencias en el fenotipo que incluso hacen diferentes a los gemelos con idéntico patrimonio genético.

La cuestión que se plantea, en definitiva, es cuándo se puede decir que los materiales están suficientemente organizados en un tipo celular para constituir un viviente. Qué fenotipo celular es apto para que las propiedades que emergen de esa configuración permitan afirmar la aparición de un nuevo individuo. La pregunta se plantea polémica especialmente en el caso del viviente humano en quien la operatividad específicamente humana requiere un largo periodo de tiempo de maduración del cerebro, incluso después del nacimiento.

2. El cigoto, estado unicelular de un organismo pluricelular

El proceso que constituye de manera natural un nuevo ser humano es la fecundación. Así se prepara la materia biológica recibida de los progenitores para dar una unidad celular con las características propias de inicio o arranque de un programa de vida individual, esto es, con capacidad de comenzar a emitir o expresar el mensaje genético del nuevo individuo. El engendrar de los padres, la fecundación natural, acaba tras un delicado proceso en la formación de una célula con un fenotipo característico: el cigoto o individuo que inicia su ciclo vital. El cigoto es la única realidad unicelular totipotente capaz de desarrollarse a organismo completo.

El cigoto es más que la fusión del gameto aportado por el padre y el aportado por la madre. Los diversos componentes del interior celular se ordenan de forma adecuada para la primera división, con la que empieza a desarrollarse, convirtiéndose en embrión bicelular. La célula con el fenotipo cigoto está dotada de una organización celular que la constituye en una realidad propia y diferente de la realidad de los gametos o materiales biológicos de partida. O dicho de otra forma, la célula con fenotipo cigoto es un viviente y no simplemente una célula viva.

La fecundación supone más que la simple fusión de los gametos. La fusión, por sí misma, solamente es capaz de reunir la dotación genética aportada por cada uno de los progenitores. Por el contrario, la fecundación, iniciada con el mutuo reconocimiento y la mutua activación de los gametos paterno y materno, maduros y en el medio adecuado, llega a término con la constitución del cigoto. Para llevar a cabo la fecundación es esencial que los gametos se encuentren en un estado de represión (o parada de la actividad genética), y que este bloqueo sea de tal naturaleza que la inhibición de cada uno sea eliminada por la otra célula. Esto es, que se activen mutuamente y pongan en marcha los mecanismos moleculares derivados de la interacción entre ambas células. Se establece entonces un proceso constituyente del que emerge el fenotipo cigoto. Una realidad nueva por poseer, sólo entonces, la capacidad de iniciar la emisión de un programa o sucesión ordenada de mensajes genéticos.

Durante las horas que siguen a la fusión de ambas células, el material genético de los dos progenitores se prepara mediante la fusión de fragmentos de diferentes tipos de membranas del espermio y el óvulo para dar la membrana peculiar del cigoto mediante la modificación en su estructura y en su composición química. Se organiza de tal forma, que el cigoto resultante, lejos de ser una esfera simétrica, es polar y tiene trazados los ejes que establecerán pasado el tiempo la estructura corporal.

La célula con fenotipo cigoto difiere de cualquier otra célula pues posee polaridad y asimetría, mostrando así que se ha constituido mediante un proceso de autoorganización de la célula ''híbrida'' resultante de la fusión de los gametos paterno y materno. Este proceso de constitución del cigoto se regula a nivel molecular, especialmente, por incrementos en los niveles intracelulares de calcio. La activación del oocito por el espermio, en el inicio de la fecundación, involucra la activación de una serie de mecanismos que desembocan en el incremento de calcio intracelular cerca del sitio donde se ha producido la fusión del espermatozoide y que se extiende como una onda a través del citoplasma en unos pocos segundos.

La fecundación supone en primer término una activación mutua y específica de los gametos. La localización del núcleo en el óvulo permite la existencia de un polo que hereda y amplia el cigoto. En efecto, dicho polo determinará con la fecundación un plano, que pasa por él y por el otro polo creado precisamente con el punto de entrada del espermatozoide, donde la elevación de los niveles intracelulares de calcio es máxima. La elevación de los niveles de calcio es el cambio del medio intracelular que induce una serie de cambios en la configuración del DNA coordinados armónicamente en la constitución de la realidad nueva o cigoto. Es decir, el cambio del nivel del calcio en el citoplasma de la célula, que contiene la dotación genética aportada por los progenitores, origina nueva información, o información epigenética, que se emite de forma armónicamente coordinada tanto espacial como temporalmente.

El programa de desarrollo se pone en marcha por efecto de los iones calcio. El oocito elimina el segundo corpúsculo polar y convierte su núcleo en el pronúcleo femenino, con sólo la mitad de la dotación genética. Se reanuda, a su vez, la síntesis de proteínas desde los materiales (RNA mensajero) almacenados durante la maduración del oocito que son necesarios, tanto para que el núcleo del espermatozoide se descondense y se transforme en el pronúcleo masculino, como para que pueda comenzar la síntesis de DNA (duplicación cromosómica) en ambos pronúcleos. El pronúcleo paterno atrae al materno y se mezclan y organizan en una unidad desplazándose hacia el centro del cigoto. Para entonces, el núcleo del espermatozoide que se había descondensado y transformado en el pronúcleo masculino, deja al DNA en situación de poder expresar la información genética. Este proceso de maduración del pronúcleo masculino esta controlado por el oocito, a través de diversos factores.

Mientras los pronúcleos se aproximan, sus membranas nucleares se desintegran y sus cromosomas se mezclan antes de la primera división mitótica. Los dos pronúcleos son ya el núcleo que porta el patrimonio genético del hijo. La dotación genética recibida es ya de por sí asimétrica puesto que la configuración espacial, como la ''impronta parental'', es diferente para los cromosomas que proceden del padre y de los de la madre. Y la modificación se realiza también de forma asimétrica y diferente en los cromosomas de origen paterno y materno durante la fecundación. Con estos cambios se inicia la expresión del genoma propio del hijo.

Aproximadamente 12 horas después del inicio de la fecundación, los pronúcleos replican el DNA de manera casi sincrónica, y los cromosomas se integran en una estructura bien precisa, el huso mitótico, para la que va a ser la primera división embrionaria. Es también el calcio quien induce la formación de los microfilamentos que partiendo del pronúcleo paterno atraen al pronúcleo materno permitiendo el acercamiento y traslado de ambos al centro de la célula, donde establecen el huso mitótico y se produce la división que da origen a la organización propia de la siguiente etapa: embrión de dos células.

La mezcla de los cromosomas y su preparación para dar lugar a la primera división celular puede ser considerada como el final de la fecundación y el comienzo del desarrollo embrionario. El cigoto es netamente diferente de cualquier célula híbrida originada por fusión de los núcleos de otras dos células cualesquiera; y netamente diferente también de la célula producida por fusión entre sí de dos óvulos, o de dos espermatozoides. Cuando el embrión se genera por transferencia de un núcleo de una célula somática a un óvulo, clonación, requiere una serie de manipulaciones para ''reprogramarlo'', modificando la impronta de los diferentes cromosomas para que llegue a ser un cigoto.

En resumen, existe un período durante el cual se completa la fecundación. Es un proceso autoorganizativo de interacción, reestructuración y cambio de los genomas de los gametos paternos y modificación de la conformación del cigoto, que se inicia con la activación del óvulo por la entrada del espermio fecundante. Es el cambio del medio intracelular del oocito, por la activación, lo que permite que factores extragénicos interaccionen con el genoma asimétrico formado por los dos pronúcleos y pongan en marcha el programa. De estas interacciones genoma-medio emerge una información nueva que es más que la información genética (secuencia de nucleótidos y configuración cromosómica propia de gametos) heredada de los progenitores. La célula con fenotipo cigoto tiene una realidad diferente de una simple célula con núcleo (o dos pronúcleos masculino y femenino); o dicho de otra forma, la fecundación no acaba con la fusión de los gametos sino con los acontecimientos que, iniciados con la activación del oocito por el espermio activado, desembocan en la constitución de una unidad celular con un fenotipo polarizado característico y un estado propio, el del cigoto.

3. El cigoto es un viviente y no una a simple célula

El cigoto tiene realidad de viviente de su especie. Es la única realidad unicelular capaz de dar un organismo completo. Es la única célula totipotente. Y esto se debe a que el cigoto se establece como célula polarizada y como consecuencia su primera división se realiza según el plano fijado por el polo heredado del óvulo y el punto de entrada del espermio. Esta primera división da lugar a la aparición de dos células (a las que se denomina blastómeros) desiguales y con destino diferente en el embrión. La que hereda el punto de entrada del espermio se divide antes que la otra, lo hace ecuatorialmente, y dará lugar a las células de la masa interna del blastocisto, el embrión de 5 días. Por el contrario, el otro blastómero se divide más tarde y su progenie dará origen al trofoblasto o capa externa del embrión de pocos días.

Los blastómeros, originados en la primera división, no sólo son desiguales entre sí, sino que además lo son respecto al cigoto del que proceden: poseen en su membrana componentes moleculares (''pegamentos''), a través de los que las dos células interaccionan específicamente, constituyendo una unidad orgánica bicelular. La interacción célula-célula da lugar a la activación de los caminos de señalización intracelulares modificando el estado del genoma: informan a cada una de las células de su identidad como parte de un todo bicelular. Este plano de división del cigoto determina el eje dorso-ventral del embrión y su perpendicular el eje cabeza-cola.

La autoorganización asimétrica (inicialmente de dos células desiguales, después de tres y después de cuatro, también desiguales dos a dos) se mantiene a lo largo del desarrollo preimplantatorio al implicar interacciones específicas entre las células. Y con ello, se produce la expresión de genes diferentes en las células, en función de la posición que ocupan en el embrión temprano. No es el embrión temprano, por tanto, un tejido homogéneo e indiferenciado sin individualidad propia. Incluso pueden distinguirse entre sí las células por marcadores específicos, que además señalan el destino que seguirá cada una. Además de los ''pegamentos'' específicos de las diferentes etapas, las células poseen una historia espacial y temporal como células diferentes de un único organismo. ''Se saben'' formando parte de un viviente concreto con un tiempo concreto de desarrollo.

Magdalena Zernicka-Goetz ha conseguido marcar las dos primeras células de embriones de ratón y seguir el marcaje en los primeros días de su desarrollo. Esto ha permitido a esta investigadora confirmar la polarización del cigoto -que había descrito Richard Garner-, obtener las fotografías de la fase de embrión de tres células -que Jéromê Lejeune indicó, precisamente, como prueba del carácter de individuo desde la concepción-, y las fotografías del destino de las progenies de cada una de estas dos células diferentes que configuran la realidad del embrión bicelular. Como ha comentado recientemente (cfr. Your destiny from day one, NATURE vol 418, pag. 14-15, 2002), cada uno ''guardamos memoria'' de esta primera división celular que ocurre en el primer día de nuestra existencia.

Es precisamente el cigoto, por poseer una organización polarizada y asimétrica de sus componentes, el que permite un crecimiento como organismo. Es decir, son las divisiones asimétricas y la organización polarizada según un eje del viviente cigoto, lo que permite un crecimiento diferencial y ordenado en el que las multiplicaciones celulares se acompañan de diferenciación celular.

En resumen, el cigoto de cualquier especie de mamífero tiene carácter de individuo o viviente pues posee una propiedad única: en la primera división origina dos células con fenotipo diferente al suyo y con diferente destino en el proceso de desarrollo embrionario, que las constituye en una unidad orgánica al interaccionar específicamente. Por el contrario, una célula sin el fenotipo propio del cigoto origina al dividirse dos células que pueden seguir creciendo, con o sin interacciones entre ellas, de las que no emerge información para autoconstituirse, en una conformación del todo, con realidad propia. En el momento en que es capaz de emitir el primer mensaje del programa (la primera división celular asimétrica) ha alcanzado la realidad de viviente individual. El cigoto posee más información (información emergente) que el genoma constituido con la fusión de los pronúcleos de los gametos de sus progenitores. En este sentido, se afirma que tiene realidad de viviente de su especie, realidad que no se confunde con la de una célula viva en un medio que le permite crecer, ni con un conjunto de células vivas.

De forma natural, el cigoto procede de la fecundación de los gametos de los progenitores. Ahora bien, esta célula resultado de la fusión de los gametos, o la originada en las técnicas de fecundación in vitro mediante inyección de un espermio al interior del óvulo, o por la transferencia de núcleo a un óvulo desnucleado (clonación), requiere para ser un individuo de la especie un proceso que le permita adquirir el fenotipo propio de cigoto. Es decir, requiere la actualización de la información genética de manera que comience el programa de constitución y desarrollo.

La confirmación de que en el cigoto hay un plano o mapa debido a su polarización, y de la asimetría de la primera división celular, pone en tela de juicio esta explicación hasta ahora generalmente aceptada del origen de los gemelos homocigóticos en la partición, más o menos simétrica, de un embrión temprano constituido por blastómeros idénticos entre sí. Los datos que muestran que el destino de cada célula en el embrión se fija ya en el primer día que transcurre desde la fusión de los gametos apuntan más bien a un adelanto en el tiempo de la primera división respecto a la organización celular que permite alcanzar el fenotipo cigoto terminando el proceso de fecundación. Es decir, una ligera irregularidad en la difusión del ion calcio es capaz de des-sincronizar en el tiempo dos procesos habitualmente sincronizados: división celular y organización intracelular polarizada. De esta forma, si la célula producto de la fusión de los gametos se divide, antes de haberse polarizado plenamente, las dos células resultantes no son dos blastómeros desiguales que constituyen un embrión bicelular. Por el contrario, son dos células iguales derivadas de la célula híbrida producto de la fusión de los gametos capaces de dar lugar a dos cigotos idénticos. Esto es, una sola fecundación acaba en dos cigotos que se desarrollan independientemente, bajo la misma cubierta (la zona pelúzida del oocito fecundado), y que serán hermanos gemelos. A veces pueden fusionar y compartir algunos tejidos extraembrionarios e incluso tejidos embrionarios, como es el caso de los siameses.

4. El viviente animal

El embrión humano, entre los seis o siete días, se configura como blastocisto, y entre ese momento y hasta los catorce días, tiene lugar su anidación. Al término de ésta, las células de la masa interna se han organizado como disco embrionario bilaminar. La siguiente etapa, conocida como gastrulación, transforma gracias a una segunda diferenciación celular, el disco embrionario en trilaminar. Las tecnologías de reproducción in vitro y de clonación han mostrado que la viabilidad del embrión en la etapa preimplantatoria es dependiente del aporte de los factores moleculares, factores que en el proceso natural la madre aporta al embrión a su paso por las trompas. En estas dos primeras semanas el papel primordial del crecimiento orgánico lo ha tenido el establecimiento de los ejes fundamentales de la arquitectura corporal. Los genes que se expresan son principalmente aquellos que establecen los tejidos embrionarios y también los que determinan el carácter sexual del embrión, con expresión de genes del cromosoma Y en el varón o inactivación de uno de los cromosomas X en la mujer.

En la tercera semana el embrión ha crecido hasta 2,3 mm de longitud y aparecen los ''primordios'', organizaciones celulares que originaran los principales órganos. La organogénesis está físicamente diseñada a la octava semana, por lo que el embrión, convertido en feto, comienza a poseer la eficiencia funcional propia de los órganos fetales.

Sin una concepción del mensaje genético como estructura con retroalimentación y emergencia de la operatividad no se puede explicar una embriogénesis ni tampoco la génesis del organismo. La realización de esas primeras operaciones permite que se vaya configurando el organismo y le conduce así hacia la configuración de nuevos centros operativos. En los animales estos centros operativos suelen denominarse facultades y a la disposición material, que permite su operatividad, se la denomina órgano, tejido o sistema. El diseño morfológico (el sitio que ocupan los diferentes órganos según los ejes cabeza-cola, dorso-ventral y derecha-izquierda) emerge también de la información epigenética en orden al todo, al organismo.

Cada viviente, puesto que las operaciones (por ejemplo el ver) emergen de la estructura del órgano (el ojo, en este caso), va pasando, de manera progresiva en el tiempo, por etapas con diferente realidad, ya que ciertas capacidades funcionales sólo aparecen con la maduración del órgano. La realidad del viviente feto no es la misma, no es capaz de las mismas operaciones que puede tener en la fase de vida adulta. Pero la unidad vital combina ese progresivo cambio del fenotipo con la autoreferencia (la información genética del genoma de ese individuo en fase inicial o temprana, que es la de cigoto). No sólo hay etapas de crecimiento y maduración, sino que el sujeto mismo es el ''beneficiario'' de toda operación. En este sentido, se puede entender la aparente contradicción entre afirmar que la realidad de un embrión de perro no es la misma que la de perro. Y al mismo tiempo, la identidad de un embrión de perro, como individuo concreto (de tal casta, hijo de tal y cual, etc. ), es la misma que la del feto perro y perro adulto. La discontinuidad de la emisión del mensaje genético, en tanto que se retroalimenta, no supone que el principio vital no sea único, o que sea separable en segmentos. Puede afirmarse que el viviente animal tiene facultades ligadas a la construcción del organismo, conservación, crecimiento y reproducción. Esto es lo contenido primariamente en los genes y en el genoma total y común a los vegetales y a los animales. Pero los animales poseen también facultades como moverse, un mundo tendencial, plasticidad y capacidad de aprendizaje, memoria, emociones y conocimiento.

Y cada viviente animal posee una propiedad emergente que se denomina especialización: un ajuste entre estímulos, receptores y efectores (las realidades o los objetos de que parte el estímulo). Dicho ajuste le permite un conocimiento y un comportamiento en orden a la supervivencia en el entorno al que está adaptado. Así, las reacciones provocadas por los estímulos dependen de la significación que éstos tienen para el organismo y en ese sentido son automatismos biológicos. Estas facultades permiten poder hablar, en sentido limitado pero propio, de una ''mente animal'' inmaterial, como inmaterial es el mensaje. Esta mente es sólo inmaterial y sus facultades surgen o dependen de la integración y procesamiento de información de circuitos neuronales. La mente descansa en esa organización o configuración de la materia, y por ello, descompuesta ésta con la muerte o con el deterioro, hace que las facultades desaparezcan.

5. La génesis de cada hombre: vida biológica y biografía

La dinámica autoorganizativa de la génesis de un mamífero es aplicable a la génesis de cada ser humano. Sin embargo, la dinámica de la emisión del código genético no es suficiente para dar cuenta de la génesis de cada ''quien'', de la persona humana. En los hombres nos encontraremos con un a priori radicalmente distinto. Por una parte, el genoma que hereda cada viviente de la especie humana es bastante similar a la de primates superiores, tanto en lo que se refiere a cantidad de información (secuencia de nucleótidos) como a los sistemas de ampliación y regulación de la información. Sin embargo, el viviente humano es capaz de una novedad radical: posee una realidad específica y distinta a la de los animales. La vida humana es diferente de la vida zoológica, al menos en los siguientes aspectos: a) es un ser inespecializado; b) posee una operatividad creativa que sobrepasa todo aquello que los más sofisticados procesamientos de información neuronal podrían hacer emerger. El viviente humano está más desprogramado que el animal, y por ello no está estrictamente sometido a las condiciones materiales; c) está abierto y no está nunca terminado. La existencia de cada uno, la emisión del programa genético del hombre está indeterminada, en tanto que está abierta a incorporar a la emisión del programa la información que procede de su capacidad de relación con el mundo y los demás; d) interacciona con el medio de modo inconsciente, pero irreversible al principio de su vida, y de modo consciente, responsable y en relación interpersonal. Y ambos modos de interacción dejan huella en el sujeto, tanto a nivel genético como de la configuración orgánica. Tiene una enorme plasticidad neuronal y por todo ello necesitado para ser viable y para alcanzar la plenitud humana de atención y relación con los demás.

Obviamente, la información para la construcción de un organismo que es cuerpo humano está contenida en el mensaje genético que cada viviente humano recibe de sus progenitores. El cuerpo humano abierto, no cerrado en su biología, en su ''pobreza'' de especialización por indeterminación biológica, es presupuesto biológico para un ser libre; es cuerpo humano. En su libertad radical es capaz de resolver con técnica lo que la ''biología'' le ha negado de especialización y determinismo. Su ser personal, su libertad, potencia con hábitos la inteligencia, la capacidad creativa y hace cultural su forma de vivir. Puesto que su fin no está determinado por la biología y lo posee en propiedad, la plenitud de vida es para cada hombre una tarea a alcanzar.

La naturaleza humana es la dotación natural: el cuerpo y sus funciones vegetativas, las potencias sensibles, los apetitos, las potencias superiores de inteligencia y voluntad, las diversas manifestaciones humanas. En cambio, la persona humana es lo distinto de cada ser humano; es quien tiene a su disposición la naturaleza humana. La apertura propia de la persona humana, que es lo que denominamos ''libertad'', es el acto de ser propio de la persona humana.

En el hombre, en cada persona humana, se armonizan dos dinamismos constituyentes distintos: el propio de su naturaleza biológica que se rige por las leyes de la biología, y el propio de su libertad personal. Este último dinamismo es el que hace de la vida una tarea abierta y por tanto una empresa moral. Son dos procesos constituyentes con diferente dinamismo temporal: la vida biológica crece, madura y decae, mientras la vida personal es diferente para cada uno y tiende a un crecimiento progresivo.

Desde esta perspectiva, la embriología humana requiere, a diferencia de la zoológica, reconocer en el hombre la existencia de un único sujeto personal en estos dos dinamismos. Así, podemos afirmar que el carácter de persona inserta de modo intrínseco libertad al dinamismo de la vida humana de cada quien. Lo específico de la realidad del hombre no puede ser entendido como otro principio operativo, sino que eleva, potencia, o refuerza es decir, añade libertad, o lo que es lo mismo, indetermina , la dinámica de la emisión del programa genético de cada hombre. Una indeterminación que libera del automatismo de los procesos biológicos puede dar cuenta del peculiar modo de relacionarse con el mundo de cada persona, de su apertura e indiferenciación biológica. Es el carácter de persona lo que potencia, eleva, libera del sometimiento de lo biológico, tanto en el desarrollo embrionario como en la vida adulta, la corporalidad, y de manera especial la construcción permanentemente plástica del cerebro. No está determinado su vivir, sino que está abierto a incorporar a la emisión del programa genético la información que procede de su relacionabilidad.

Lo específico humano (sin entrar a la cuestión del origen último de su carácter personal) es, por tanto, inherente y ligado a la vida recibida de sus progenitores, y no mera información que emerge del desarrollo. Sin abordar tampoco qué tipo de sujeto es aquel que posee las notas descritas por la biología, podemos concluir que el carácter de persona, y con ello el fundamento de la dignidad humana, no es otorgado por las acciones del sujeto, sino que es algo previo a éstas. Algo que le es otorgado con su concepción. Por tanto, en cuanto se inicia un viviente humano (una realidad material que tiene la configuración propia del fenotipo cigoto humano, o dicho de otro modo, se inicia la emisión de un nuevo mensaje genético humano) existe un ser personal. Con independencia de las creencias religiosas, la biología humana, como ciencia, reconoce la presencia en los individuos de la especie Homo sapiens de un dinamismo vital abierto e indeterminado propio de los individuos de esa especie. Sea cual sea el origen de esa inespecialización e indeterminación biológica de los humanos (que no le compete a la ciencia biológica esclarecer), la ciencia biológica humana aporta al progreso científico un imperativo ético bien preciso: cualquier manipulación biológica, por noble que sea el fin que persigue, tiene que ser de tal naturaleza que ningún ser humano sea tratado exclusivamente como medio, como esclavo, porque pertenece a cada ser humano determinarse a sí mismo. Y porque el ser humano no sólo decide sino se decide. No sólo vive sino que puede libremente entregarse y entregar su vida.



7
De: Maple Fecha: 2003-03-15 07:10

Aunque es larguísimo, me ha encantado el comentario de Natalia



8
De: marlene Fecha: 2003-03-28 01:55

confirme por favor
el DNA es el plano del destino de una celula?



9
De: amabela Fecha: 2007-05-29 16:41

sob;nm



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